Estás en una celda

Has llegado lejos en tu carrera. Más lejos de lo que muchos imaginaban.
Pero ahora estás en un sitio al que no querías haber llegado.

Desde fuera tienes una vida bastante buena. IDEAL dirían algunos.

Desde dentro, bueno… qué te voy a decir que no sepas.

No, espera. Claro que te lo digo!

Has perdido la ilusión por tu trabajo.
(Por no decir que estás hasta los…)

Trabajas. Cobras. Cumples.

Y cada día te resulta más difícil fingirlo. No te ves haciéndolo durante 20 o 30 años más.

Ah!
También sé que odias los lunes.
Y que empiezas a odiar los domingos.

Te sientes encerrado en una JAULA
(de oro, de plata o, si has tenido mala suerte, de alambre).

Y esa sensación es horrible.

Porque en parte no quieres abandonar ni cambiar, pero tu cabeza te lo recuerda cada día.

Cada maldito DÍA.

Tienes una trayectoria profesional que no quisieras tirar por la borda. Pero, por otro lado, te sientes agotado…

¿Esta es la vida que se supone que te debería hacer FELIZ?

Ya no eres tan joven, tienes cierta estabilidad. Por eso piensas en dejarlo. Cambiar a otro trabajo, reinventarte como dicen ahora.

A la m^erda todo!

Ya.

Pero no es tan fácil, si no ya lo hubieras hecho.

(recuerda que estás en una prisión de la que es muy difícil salir).

Fantaseas con el día de poder salir de ahí, dejar de obedecer a tu jefe -el alcaide- y empezar una nueva etapa profesional.

Tal vez ya llevas la mitad de tu condena laboral y no quieres gastar lo que te queda en esa celda.

Te entiendo.

Pero si te precipitas también será la forma más rápida de que te pillen antes de salir… o, peor aún, que acabes en un módulo de aislamiento.

Salir sin un plan no es de valientes.

Aquí no se trata de largarte mañana, ni de renunciar a tu sueldo por ahora, tampoco de jugar con el dinero que no tienes. Nada de eso. Primero tienes que conocer muy bien los pasos que tienes que dar para poder escaparte con garantías y preparar una salida que no deje cabos sueltos.

La diferencia entre huir y fugarse es simple: uno corre, el otro PIENSA.

Pero en mis últimos años no dejaba de preguntarme qué estaba haciendo con mi vida. No era una crisis repentina. Era una sensación constante. La de estar gastando mi tiempo en algo que ya no me representaba.

Tenía que hacer algo para SALIR.

Pasé tiempo ideando el plan, comprendiendo qué hacía falta para poder escapar. Lo preparé todo y, cuando llegó el día D, emprendí la fuga por la galería que cavé.

Ahora sé lo que es la libertad y lo que se respira fuera.
Yo me escapé, pero muchos otros se quedaron dentro.

▸ TÚ también sigues ahí. ◂

No te puedo dar ahora el plan entero. Eso sería irresponsable por mi parte (no sé si eres un preso más… o uno de los que vigilan).

Aunque sí quiero que escuches algo.

Te voy a confesar cómo fue el momento exacto en el que tuve un vis-a-vis con mi jefe (nada sexual) y pasé de conseguir un aumento de sueldo a decidir dejarlo TODO.

Si estás en una celda parecida, te reconocerás.

Para poder entregártelo y como será difícil que nos comuniquemos mientras sigas entre rejas, lo haremos de esta manera:

Escribe tu contacto en este papel y dáselo al vigilante moreno de pelo largo. No te preocupes, él me lo hará llegar a mí.

Información sobre la protección de datos [No quiero acabar en la cárcel ;-]

Responsable y destinatario: FugaMaestra.com – Francisco Martínez

Finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales: Poder enviarte emails a tu correo (están almacenados en servidor de Hostalia – Telefónica Soluciones De Informática Y Comunicaciones De España S A U.).

Derechos: Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, portabilidad y suprimir los datos mediante un correo a:

Más información en la política de privacidad de FugaMaestra.com

El sitio está protegido por CloudFlare y le aplica la política de privacidad de CloudFlare y sus términos de servicio.

(Lo que vas a escuchar no lo sabía ni mi mujer..)

Información como esta:

· Ese cambio te puede salir caro.

– No me queda claro si esto es para mí…

– Entonces tienes razón. O bien no estás encerrado o prefieres seguir estándolo. Yo solo puedo ayudar a los que realmente quieren salir.

– Y ese audio que ofreces gratis, ¿me va a servir?

– Tendrás que valorarlo tú. Yo ojalá lo hubiera escuchado cuando día sí y día también pensaba en renunciar de mi trabajo.

– ¿Pero este favor te lo vas a cobrar?

– Tranquilo, no hace falta que saques tu tarjeta (por ahora).

– El papel para hacerme llegar tu contacto está justo arriba.

PD. En la primera nota también te explicaré cómo ver algunos mensajes que he dejado encriptados. Tenemos que ser sigilosos, no queremos que nadie se entere de tus intenciones.

Nos vemos FUERA!

Marcos

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